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	<title>Zenda &#187; Relatos cortos</title>
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	<description>Blandiendo ambas, pluma y espada…</description>
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		<title>La rendición</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 15:52:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zenda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[egoísmo]]></category>
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		<category><![CDATA[promesa]]></category>
		<category><![CDATA[tristeza]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Te miro con una media sonrisa que es más bien una mueca.</p>
<p>No eres más que una cosa pequeñita, y ni siquiera puedes entender lo que te digo, pero, aún así, me empeño en explicarte esto.<br />
No sé, tal vez intento entenderlo yo misma.</p>
<p>¿Sabes?  Hace mucho tiempo, cuando tú ni por asomo entrabas en mis planes, yo albergaba grandes proyectos de futuro. Estaba ilusionada con mil cosas, y la vida se plantaba ante mí como una promesa optimista e infinita.<br />
Tenía la firme convicción de que, cuando uno trabaja duro y bien, cuando uno se esfuerza lo suficiente, acaba por conseguir lo que se propone. Y también creía que tratar bien a los demás te hacía acreedor de lo propio. Era casi una fe religiosa, ya sabes: Los buenos van al cielo y tal…</p>
<div style="display:block"><small><em><br />&copy;2012 <a href="http://www.zenda.es">Zenda</a>. Algunos o todos los derechos reservados. Revise las condiciones de licencia CC-By-NC-ND en <a href="http://www.zenda.es">Zenda.es</a></em></small></div>]]></description>
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		<title>Gusanos de seda</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Mar 2008 11:10:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zenda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[alas]]></category>
		<category><![CDATA[futuro]]></category>
		<category><![CDATA[limitaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Conchi entró sonriente, con una caja de zapatos entre las manos.<br />
Yo le había abierto la puerta con una expresión adormecida; Durante la media hora anterior había estado absorta en la lectura de un libro muy interesante, y el timbre me había sacado de un mundo menos prosaico. Darme cuenta de que me encontraba en el comedor de mi casa, y no en la selva de Horacio Quiroga, me había producido un ligero mareo.</p>
<p>¿Está tu hermana Ani? -dijo. Y sin esperar la respuesta se fue para el fondo de la casa.</p>
<p>Conchi nunca venía a buscarme a mí, y en cierto modo era una cosa normal; yo era una niña “rara y aburrida”, que se pasaba el día sola en un rincón, leyendo libros, dibujando y escuchando música. Y aunque mi vecina, que también era compañera de clase, tenía mi misma edad, se llevaba mejor con mi hermana mayor, con la que tenía cierta afinidad.</p>
<p>Aquel día habían venido mis tíos y, como siempre que había reunión familiar, la algarabía reinaba en el salón, así que yo me había refugiado en la mecedora del comedor para devorar mi nuevo libro. Pero la entrada impetuosa de Conchi me hizo seguirla, un poco para justificar de algún modo ante mi madre aquella manifiesta falta de modales de la que hacía gala esa especie de niña-huracán que vivía justo en el piso de al lado.<br />
Mis hermanas salieron al oírla, y puesto que yo la había seguido, acabamos confluyendo todos en el salón, donde mis padres y tíos charlaban animadamente.</p>
<p>-Buenos días -dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja- Mira, Ani, lo que tengo.<br />
Destapó la caja, e instintivamente todos miramos lo que había en ella.<br />
Dentro, dos mariposillas color crema se mezclaban entre hojas de morera y una miríada de huevos diminutos.</p>
<p>-”Son gusanos de seda- explicó- bueno; lo eran. Ya han salido del capullo y han puesto un montón de huevos”.</p>
<p>Yo aún sostenía mi libro, el dedo índice marcando la página, pero miraba al interior de la caja, que tenía un olor un tanto desagradable, mezcla de cartón húmedo y heces de gusano. Las hojas de morera estaban mustias, y el conjunto en general me daba cierto asquito.</p>
<p>Mi tío se levantó para verlas.<br />
Las palomitas estaban casi inmóviles, parecían muertas. Mi hermana pequeña preguntó: -¿No se escapan volando?</p>
<p>-No -respondió su propietaria- Estas mariposas no vuelan. Además se están muriendo.</p>
<p>Esto último lo dijo con una naturalidad que me resultó sorprendente.<br />
A mí no me gustaban los “bichos”, pero no podía entender cómo alguien podía demostrar semejante indiferencia ante la inminente muerte de sus mascotas, fueran éstas lo que fueran.</p>
<p>Conchi continuó con su explicación:<br />
-”Cuando los gusanos de seda se hacen mariposas, se juntan, ponen huevos, y se mueren”.</p>
<p>“Hala, mira qué bien”-pensé yo. Pero no dije nada.</p>
<p>Yo tenía nueve años, y pensaba mucho, quizá demasiado. Mi tendencia a reflexionar acerca de la más mínima cosa me ha convertido ante los demás en una adulta “que se come demasiado el coco”, pero a mis nueve años me hacía “rarita”.</p>
<p>Entonces mi tío soltó aquella frase, la de la discordia:</p>
<p>-”Es increíble la misión de estos animalitos. Comen, crecen, se reproducen y se mueren”</p>
<p>…</p>
<p>-”Igual que nosotros, ¿no?”</p>
<div style="display:block"><small><em><br />&copy;2012 <a href="http://www.zenda.es">Zenda</a>. Algunos o todos los derechos reservados. Revise las condiciones de licencia CC-By-NC-ND en <a href="http://www.zenda.es">Zenda.es</a></em></small></div>]]></description>
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		<title>Poetas, médicos y moscas.</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Apr 2009 18:48:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zenda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[adversas]]></category>
		<category><![CDATA[apocalípticas]]></category>
		<category><![CDATA[fluoxetina]]></category>
		<category><![CDATA[reacciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Un problema es sólo un punto de vista.<br />
Definitivamente.<br />
He llegado a esta conclusión después de comprobar cómo, tras abrir la puerta de los horrores de mi infancia, una simple tristeza ha pasado a llamarse depresión, y una inofensiva y agradable terapia de tranquila charla ha derivado en la ingesta de ciertas drogas que toda la vida [...]</p>
<div style="display:block"><small><em><br />&copy;2012 <a href="http://www.zenda.es">Zenda</a>. Algunos o todos los derechos reservados. Revise las condiciones de licencia CC-By-NC-ND en <a href="http://www.zenda.es">Zenda.es</a></em></small></div>]]></description>
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		<title>La familia, Dios y las benzodiazepinas.</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 18:36:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zenda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>
		<category><![CDATA[destino]]></category>
		<category><![CDATA[inspirar]]></category>
		<category><![CDATA[karma]]></category>
		<category><![CDATA[Samsara]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Inspirar… espirar… inspirar… espirar…  </p>
<p>Cuando lo pienso, además del concepto de inhalar y exhalar aire, esas palabras se adecúan también a otro contexto: el de sugerir ideas o iluminar el entendimiento, (inspirar) y, con la pequeña diferencia de una letrita, (expirar), el de morirse, mismamente.  </p>
<p>Viene a ser lo que constituye mi ejercicio de esta mañana, es decir, respirar con armonía, con el fin de alcanzar la paz que preciso, o bien, como alternativa, idear un plan inteligente, al objeto de sobrevivir al acontecimiento que se me avecina.  </p>
<p>Una comida familiar…   …veamos…  </p>
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		<title>Al infierno.</title>
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		<pubDate>Thu, 31 May 2007 18:04:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Zenda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos cortos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Caminaba con paso rápido, para no llegar tarde.<br />
Últimamente siempre llegaba tarde.</p>
<p>Había parado en un Mercadona para comprar algo de comer, algo que pudiera devorar mientras llegaba. Unos colines integrales fueron el objeto de su elección, y mientras abría la bolsa cruzó por el paso de cebra.<br />
Se llevó uno a la boca y lo engulló con fruición, dejando caer miguitas por todas partes.</p>
<p>Estaba hambriento. Se sonrió al pensar en “Buzo”, su perro; probablemente en ese momento no se diferenciaban mucho en la manera de comer. “Buzo, joder, ni que te matara de hambre”, solía decirle. Pero un perro es un perro, ya se sabe.<br />
Llegó a la esquina de la perfumería con el teatro. El semáforo estaba en rojo, pero tenía prisa, así que cruzó apresuradamente.</p>
<p>Lo último que llegó a ver fue la bolsa de colines despachurrada en el pavimento.</p>
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